Necesitamos ser más conscientes de nuestra forma de escribir


Schwertglanz [Sho-do]


Aster [Philogramm]


Berlin


Berlin

Un vistazo más allá de nuestras propias fronteras, en concreto a China y Japón, hace que el corazón de todo aquel que ame el arte de la escritura de un salto de alegría y se vuelva verde de envidia.

Aquí en Europa, no podemos ya recuperar la ventaja de seis mil años de una civilización de escritores. Pero tendríamos que aprender de ellos. Porque allí podemos comprobar como el arte de la escritura fortalece nuestra personalidad. Pero claro, sólo si dejamos de pensar en la caligrafía.

Que Europa, ya desde el principio, perdiera el tren de la génesis del verdadero arte de la escritura se debe especialmente a los cánones aristotélicos, muy en voga por aquella época, que despreciaba la escritura a mano, tan personal, por ser demasiado viva y asimétrica.

En China esto se veía de otra manera. Así, la escritura avanzó rápidamente hasta pasar a ser la más excelsa de las artes. Inmediatamente se vió que la escritura expresa el "ser" de la persona (equivale a lo que en Europa llamaríamos la concienciación). Esto se aprovechó para para avanzar en el cultivo del "ser" a través de la escritura a mano. Ésta se convirtió en algo así como en la tarjeta de visita del "ser", que informaba sobre el nivel social y cultural de la persona.

A la expresión de la propia personalidad en la escritura se le dió y se le sigue dando mucha más importancia que en occidente. Porque (allí) se supone que la escritura sigue una estética más humanista que la que se suele en Europa, de una esterilidad/pureza muy uniforme (caligrafía) que, dicho sea de paso, no puede en absoluto transcribirse al arte sino-japonés de la escritura.

Todos tenemos el mismo impulso a la hora de escribir y que es el que guía el movimiento natural de la mano. Así pues, podríamos ofrecer resultados similares... Si no fuera por las diferencias entre las culturas: Por un lado afiladas plumas y dictado caligráfico; por el otro el pincel japonés y la expresión individual. Y, ¿cómo podemos unir la manera de pensar occidental con el arte oriental de la escritura?

Pues teniendo en cuenta que tanto allí como aquí, una escritura viva sólo es posible si partimos de dos premisas básicas: Primera: un movimiento de la mano completa y absolutamente libre y segunda: un alto grado de confianza en sí mismo.

Este cultivo tan selecto del estilo personal de escritura en China y Japón no representa ningún problema para los europeos, ya que a la confianza propia le es indiferente si puede expresarse en caracteres japoneses o en letras europeas.

Para alcanzar aquí en Europa un nivel parecido al de China o Japón, la escritura natural a mano tiene que verse y entenderse de forma diferente, y claro, tiene que librarse del corsé que representa las normas caligráficas europeas. Por ello ampliamos la cultura europea de la escritura con la categoría de filografía (Philographie®).

 

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